Biblioteca Carolingia

Los manuscritos carolingios que posee la Bibliothèque nationale de France forman una de las más ricas colecciones del mundo, con casi 1.100 manuscritos de los siglos VIII y IX y 400 del siglo X de procedencias muy diversas.

La historia de estos fondos está ligada a la de la Biblioteca Real. Los manuscritos pertenecientes a los gobernantes carolingios no pasaron nunca a sus descendientes y, por lo tanto, no formaron parte de la biblioteca real inicial fundada por Carlos V en el Louvre. Sin embargo, en el siglo XVI la situación cambió: en esta época, los manuscritos antiguos empezaron a despertar el interés de los eruditos, quienes los reunían para su uso personal o para depositarlos en la biblioteca del rey.

Durante las Guerras de religión de Francia, algunas instituciones religiosas fueron destruidas y sus colecciones vendidas. Muchos de estos tesoros pasaron a formar parte de la biblioteca real, bien directamente o bien a través de donaciones de coleccionistas.

En los siglos siguientes, las adquisiciones de manuscritos carolingios continúan, destacando la llegada a la biblioteca real de la colección de Jean-Baptiste Colbert en 1732, especialmente rica en libros de este periodo. Pero fue con la Revolución Francesa cuando la BnF se proveyó de la mayor parte de los manuscritos que fueron confiscados a las instituciones religiosas. Esta tendencia continuó durante el Primer Imperio, con la incautación de manuscritos en las provincias fronterizas y en el extranjero. De esta forma, hacia mediados del siglo XIX, la biblioteca nacional poseía una importante colección de manuscritos antiguos, que serían la base del nuevo Museo de la Monarquía, fundado en 1852 por Luis-Napoleón Bonaparte. Aquí se exponía el evangeliario de Carlomagno (BnF NAL 1203), ofrecido a Napoleón I en 1811 con motivo del nacimiento de su hijo, junto a la primera Biblia y al salterio de Carlos el Calvo.

La Revolución Francesa supuso también la llegada de prestigiosos manuscritos antiguos a muchas bibliotecas municipales, como la de Reims, que recibió los manuscritos de la biblioteca catedralicia y de otras instituciones religiosas cercanas, o también la de Valenciennes, que posee un buen número de manuscritos procedentes de la abadía real de Saint-Amand-en-Pevèle.

Otras bibliotecas europeas albergan también importantes fondos del periodo carolingio. Tal es el caso de la Bayerische Staatsbibliothek de Munich, que conserva manuscritos procedentes de Freising y Regensburg en Baviera, o de la Herzog August Bibliothek de Wolfenbüttel, que posee una colección muy importante y homogénea de manuscritos procedentes de la Abadía de Wissembourg en Alsacia.

La digitalización de los fondos seleccionados dentro del proyecto Europeana Regia permitirá reunir de forma virtual grupos coherentes de manuscritos procedentes de un mismo taller, independientemente de cual sea su lugar físico de conservación actual.

Biblioteca Carolingia

Sedulius Scotus: Collectanea in Epistulas Pauli
Múnich Bayerische Staatsbibliothek Clm 6238
St. Gallen Stiftsbibliothek Cod. Sang. 238, p. 2
Obras completas: diccionario etimológico, extractos del Génesis, Dicta Winitharii / Sent. I, 8 i 10 / De natura rerum / Extractos de Etimologia IX, 2 / De eccles. dogmatibus / Extractos de Reyess i profetas.
St. Gallen Stiftsbibliothek Cod. Sang. 238
Wolfenbüttel, Herzog August Bibliothek, Cod. Guelf. 7 Weiss., 2r
Augustinus: De civitate Dei XI–XVII
Wolfenbüttel Herzog August Bibliothek Cod. Guelf. 7 Weiss.